jueves, 27 de mayo de 2010

Lo que dejaron los festejos del Bicentenario

Y finalmente, luego de varios meses escuchando la palabra “Bicentenario” asociado a casi todo y preguntándonos qué carajo tendrán que ver los 200 años de la revolución de Mayo con un plan económico, un programa social o la inauguración de alguna obra pública, el momento llegó o mejor dicho a esta altura, ya pasó.

La verdad que, en lo personal, los festejos me sorprendieron gratamente. No imaginaba que iba a haber tantos espectáculos y tantas cosas sucediendo al mismo tiempo en las calles de Buenos Aires y en todos los casos con mucha elaboración y muy buena organización.

Me quedo con algunas imágenes grabadas y que a algunos podrán parecerles trilladas o simplemente pavas pero que a mí me movilizaron y en algunos casos lograron emocionarme. Por ejemplo el sábado, mientras los Patricios desfilaban por Diagonal Norte y cada tanto se detenían al grito de “Viva la Patria!”, enfrente mío había un señor, de aspecto muy humilde que respondía a ese grito con todas sus fuerzas una y otra vez, para terminar flaqueando y rompiendo en un llanto que me conmovió. Si, un tipo que ni conozco y que seguramente no vuelva a ver en mi vida pero que transmitía una emoción muy grande por lo que estaba pasando en la calle.

Volví el martes, por la tarde, para ver el desfile final y ni bien pude acomodarle en un huequito que me permitía pispear algo entre las cabezas de los de adelante, comenzaron a pasar los granaderos, pero no los actores que representaban el cruce de Los Andes (esos venían después) sino la banda del regimiento de granaderos interpretando la marcha de San Lorenzo. La sorpresa y la emoción llegaron cuando la gente que estaba a ambos lados de la calle comenzó a cantar con ganas, no como cuando se canta el himno por obligación en algún acto y que pareciera que nos da vergüenza, lo cantaban fuerte y claro. ¡Cuanto hacía que no escuchaba esa canción! ¿La seguirán enseñando en la escuela?

Luego empezó el desfile, a todo culo, con 19 escenas de los últimos 200 años que estaban muy bien pensadas e interpretadas. La más fuerte para mi, fue la de Malvinas. Para los que no lo vieron, desfilaban “soldados” vestidos con uniforme de guerra, enfrentándose a un viento helado de frente y portando cada uno en sus espaldas una cruz blanca de madera, una como esas que se ven en las imágenes del cementerio de los caídos por la guerra en las islas. Luego de caminar unos metros (tal vez 100), se escuchaban dos explosiones y los tipos caían al suelo como muertos y las cruces comenzaban a levantarse transformando cada soldado muerto en una tumba. ¡Impresionante!

En fin, podría contar también la de un padre que trataba de explicarle a su hijo chiquito quienes eran las señoras de pañuelo blanco en la cabeza, la de dos tipos vestidos de época en la puerta del cabildo simulando una discusión acerca de la libertad o hasta la de un cartel electrónico de esos que anuncian el estado de las calles que, en lugar de eso, decía “Viva la patria!”.

En mi opinión el saldo es muy positivo, fue una fiesta muy linda, asistió muchísima gente, no hubo problemas, todo estuvo bien organizado y el espectáculo fue buenísimo.

Ahora vienen los “sabios” de los medios que intentan analizar lo que dejaron los festejos. Unos dicen que salió beneficiada Cristina por sobre la oposición, que ahora tiene más posibilidades para el 2011, que el pueblo en la calle demostró no tener miedo (como si ir a un festejo con otras 3 millones de personas y supercustodiado podría darnos el mismo miedo que caminar por un barrio inseguro de noche), que como la gente estaba unida se desmiente que haya un clima de crispación (como si la crispación fuera patrimonio de la gente común y no de los políticos y los medios), en fin…un montón de pelotudeces.

Yo creo que la gente salió a celebrar seducida por la calidad del espectáculo y contagiada, de alguna manera, de un sentimiento patriótico temporal que tal vez no exista el próximo 25 de Mayo o ni siquiera en un par de días más. Ojalá pudiéramos decir que el clima de unión y patriotismo se va a propagar por mucho tiempo. Realmente no creo que sea así y no entiendo a donde quieren llegar los “sabios” con su análisis. No hay nada después de los festejos del Bicentenario, estuvieron muy buenos pero en un par de días vamos a estar hablando otra vez de la inseguridad, la inflación y el bolonqui político. La gente, el pueblo, no quiso dar ningún mensaje saliendo a la calle, fue simplemente un acto muy lindo, un momento de celebración popular muy copado pero que no cambió en nada la historia que vivimos día a día, aunque los “sabios” de los medios quieran llenar sus páginas y minutos de aire, tratando de hacernos creer otra cosa….como siempre, vió!

sábado, 15 de mayo de 2010

Pidamos que los encargados de edificio dejen de desperdiciar agua

Día a día, miles de encargados de edificios de toda la capital desperdician millones de litros de agua potable lavando las veredas.
En lugar de usar baldes para lavar la vereda haciendo, de esta forma, un uso responsable del agua, los encargados usan mangueras que mantienen un flujo constante de agua y hacen que el gasto sea muchísimo mayor.
Ni hablar de los que dejan la manguera con la canilla abierta mientras hacen otra actividad, sin importarles cuanto agua sigue saliendo mientras tanto.
¿Cuántas veces vemos a un encargado, empujar un papel o una hoja con el chorro de agua, varios metros hasta que llega a la calle?, lugar que por supuesto, ya no es de su responsabilidad y en el que pueden depositar cualquier residuo esperando que se lo lleve el barrendero. Si en lugar de hacer eso, usaran una escoba y una pala para barrer la vereda, no solo ahorraríamos mucha agua, sino que tambien reduciríamos la basura que llega hasta las bocas de tormenta, haciendo que estas se tapen con frecuencia.

Pidamos a través de este medio y cuanto medio podamos que haya una regulación que obligue no solo a los porteros, sino a todo aquel que quiera lavar una vereda o una auto a utilizar baldes en lugar de mangueras.
De esta forma, reduciremos notablemente el consumo de agua potable, un recurso cada vez más valioso y escaso aunque por estos lares parece que no nos dimos cuenta aún.